Qué triste el sueño que acabo de tener.

Vago por Temuco, en la mañana, por Bulnes, esa mítica cuadra entre Montt y Portales, trataba de sacarle fotos a cosas como el Lavasec<3 Center que ahora estaba ahí. El paisaje es mucho más amigable que la última vez que fui y lo vi convertido en un montón de tiendas baratas y puestos de propaganda municipal. Hay unos músicos tocando en la calle: los miro escondido tras una multitud, les hago un video con mucho zoom en el iPhone, lo subo a Instagram (muy 2014 soñar con redes sociales). “Arctic Monkeys en Bulnes, WHA #temuco”, se va a llamar, porque contra todo pronóstico están tocando una de Arctic Monkeys. Son neo-hippies de la UFRO pero tocan Arctic Monkeys.

Luego estoy en la casa, se me acabó la batería del iPhone así que lo conecto para cargar, está muy oscuro, llueve, hay una tormenta, una luz muy extraña ilumina directamente la zona de los edificios detrás del Torremolinos. Estoy en el departamento de Avenida Alemania. Mi mamá está ahí, creo que se está arreglando, va a salir, decido acompañarla.

– Adónde vas?
– Voy a salir, a no, a nada en particular -me dice, evasiva.
– Ya, vamos a tomarnos un café.
– No, mejor… te hago desayuno acá. Quieres desayuno?
– No realmente…
– Quieres almorzar?
– Son las once de la mañana…
– Tengo arroz con pollo, pollo arvejado y pollo con arroz…

No me tinca nada, en realidad sólo quería salir con ella. Quiero hacer un video de la tormenta con lo rica de la vista de noche desde mi pieza pero aún hay muy poca batería. “Es normal que Temuco esté así a las once de la mañana?”, le pregunto. No hay respuesta. Aparentemente se cortó la luz, pero vuelve. Encima de una de las miles de cajas está mi teléfono, billetes de luca, papeles, boletas. Ordeno todo. Tomo el teléfono. Miro Instagram. Hay fotos de Twin Peaks, de gatos, de nubes con forma de gato, no encuentro mi video de los Arctic Monkeys de Bulnes WHA #temuco, me frustro. Voy al living, está mi madre que definitivamente no quiere salir, toca piano. Una de Mozart, que estoy a punto de bucear en Spotify para recordar cuál es. Sé como va, se la tarareo, me gusta cómo sube y baja al final. Al parecer es mi último día en Temuco. Le digo algo como que aprovechemos ese último día. Me responde algo como que no va a ser el último día, que quizás me termine volviendo. Le digo que me han costado mucho las cosas como para volver ahora, que recién ahora me están resultando, que no es momento de detenerme. También le pregunto por qué está tocando piano. Ella sólo sigue. Todavía está oscuro. El living está semi vacío, como el día en que sacamos los muebles de ahí y nos fuimos.

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sky is clear tomorrow.

un año lento, lento como tus movimientos de la cama al living. mucha gente pero pocos eventos, muchos eventos pero poca gente de verdad. pocas epifanías: las epifanías son so 2008. muchas ebriedades, pocas carpetas escondidas en tu MacBook con archivos de TextEdit que resuman lo importante de tu día, lo realmente importante, lo que se te va por entre medio de los dedos. trainings perdidos, brújulas extraviadas, caminos sinuosos, de tierra, alternativos. veintiocho años suenan a demasiado tiempo. suenan igual a primer año de universidad pero con un poco más de plata en el banco, que tampoco ayuda tanto. no le sirves a los mercaderes de cuentas corrientes, visas y créditos hipotecarios; no te rescatan porque saben que no recibirán nada a cambio. te miran, los miras, ambos por encima de sus hombros. mendigas trabajos, mendigas vidas modelo, regalas alcohol y cuartos de libra y latas de coca cola y chistes malos. mudas tu blog a wordpress porque escuchaste en algún lado que wordpress es lo que la lleva. andas en bicicleta de noche. comes pizza. recorres la programación en pantalla del dBox esperando encontrar algo bueno. tienes un teléfono bacán pero usas más el internet que el teléfono. tienes una chica pero sabes que el pequeño esfuerzo de acercarle un dedo es lo que te tomaría arruinarlo. todo te queda lejos. te fuiste de la fiesta que estaba buena para irte a la fiesta penca y ahora te arrepientes pero es demasiado tarde: la primera está demasiado lejos. en cualquier momento esto se puede acabar. los zancudos entran por la ventana de tu pieza y te pican: ellos también hacen lo que pueden. no soportas otro año más ahí, en la misma ciudad, en la misma pieza, en la misma adolescencia. podrías haber estudiado ingeniería, o podrías haber tenido más aguante. la noche es cálida como noche de verano: son de las que dan gusto. no hay cordillera que mirar, tampoco hay ya volcanes sureños porque los tapan edificios aspiracionales. las luces del casino, ridícula imitación de la llamada del murciélago, se asoman por tu ventana como limpiaparabrisas y te avisan que esto es todo lo que hay. no es tan poco, podría bastarte. eres un malagradecido: piensa en toda esa gente que -insertar cualquier cosa aquí-. hay colectivos aplanando calles, hay jeeps de adolescentes drogados que quieren desafiar al papá, hay luces de navidad mal instaladas en los bandejones de avenida alemania, hay bares zorrones, hay casas iguales a las que tú dibujabas cuando tenías cuatro años, hay gente intentando dormir para tener un día normal mañana, hay lanzas, hay travestis, hay obreros, hay borrachos. hay un shuffle de iTunes sintiendo por ti, hay un post de blog saludando a la bandera, hay un dolor de cabeza incipiente, hay hastío, hay un niño en un comercial de televisión preguntándole a la mamá “¿mamá, qué es frustración?” y una mamá respondiendo cualquier estupidez sobre detergentes. hay un pasado, hay promesas que no se cumplen y novedades que sorprenden, hay todo un año nuevo por delante.

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this is a test

hola, blogger es el pasado

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Hola, blog. Debería hacer algo contigo.

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cashback

No puedes dormir bien hace días. Unas dos, tres semanas. Tienes claro que no poder dormir es no poder parar, es no darte permiso de dejar a un lado los papeles de la mesa y largarte. Le tienes miedo a los pensamientos (dañinos) que aparecen cuando estás tratando de quedarte dormido, le tienes pánico a quedarte con la mente en blanco en tu burdo intento por conciliar el sueño. Sigues creyendo que la vida se pone más interesante de noche, que las mañanas tienen su encanto y que el mejor momento para recobrar energías es en la tarde. Te estás empezando a acostumbrar a funcionar con tres, cuatro horas de sueño. Crees que tu insomnio es un mecanismo perverso de tu mente para decirte que no te quedes tranquilo, o peor, para castigarte por las decisiones estúpidas de antes, por haber vuelto donde nunca debiste haber vuelto, por haber creído que las cosas se arreglarían solas. Las ojeras que tienes son un asunto cosmético: hasta puedes obtener cierto glamour pasando por drogadicto o profesional exitoso estresado. Si no fuera porque no te alcanza ni para pagarte un departamento de block fiscal sesentero, claro. Ahí estás, adentro de la rueda, como un hamster satisfecho que no alcanza a pensar de tanto correr en la rueda, como un fabricante coreano de iPhones coqueteando con el suicidio, como un piloto de fórmula uno corriendo en círculo, como esos adornos inútiles de metal cuya única gracia es que sus piezas se van a mover siempre a causa de alguna ley de la física que no tienes clara, y que la gente regala para los cumpleaños de alguien a quien no se conoce mucho. Cuando logras apagarte, cuando una mano mágica (a veces, con graduación alcohólica) te desconecta de la corriente y dejas de ser ese microondas enterrado en medio de Temuco, te apagas bien y no te prendes. Esa es la gracia y ese es el problema. 15 horas de sueño los fines de semana y quedas como un computador recién formateado: sociable, con ideas, con ganas de escribir. Unos días más allá, la acumulación de caché va a hacer su trabajo. El (des) equilibrio vuelve. Y los días se hacen largos pero un mes se siente como una hora, y no tienes claro que ese quote de la película que volviste a ver (the bad news is that time flies, the good news is you’re the pilot) sea cierto. Por ahora, cualquiera es el piloto menos tú. Pero si el avión se cae va a ser tu culpa. Así que trata de dormir. El país de los sueños tiene buenas políticas de inmigración: el problema, como todos los tercermundistas sabemos, está siempre en el lugar de origen.

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freud

-sueño 1: tengo que volver a cuarto medio. un all-time classic de mi galería de sueños, que aparece y desaparece de forma aleatoria en mi vida. el de ayer fue con una variante: tenía que llevar un certificado que acreditara que estoy trabajando para poder faltar a clases sin que me echen (!). llego a mi colegio -que acaba de ser semi-demolido en su parte más antigua, afectada por el terremoto- y veo que comienzan a caer escombros hacia la vereda. aparece una escalera mecánica hacia la nada, como en ese capítulo de los simpson donde compran el monorriel. la subo porque es la única forma de escapar de la lluvia de escombros. dejé el certificado botado en la vereda, noto. subo los peldaños de dos en dos, para llegar más rápido a la nada. comienzan a faltar algunos peldaños. primero uno de cada dos, luego dos de cada tres. es imposible subir.

-sueño 2: tengo que cuidar al sobrino de mi amigo L., que tiene un año y medio. estoy en un pasillo color amarillo pálido, triste, entre hospital y colegio, pero no tengo claro qué es. sólo sé que debo cuidarlo hasta que su madre vuelva a buscarlo. su madre que, en el sueño, no es la hermana de L., sino mi hermana. le canto a mi sobrino una canción de weezer, le hago morisquetas y se ríe. afuera llueve torrencialmente y desde la ventana veo interiores de edificios grises, tristes, en mal estado. llegan dos de mis hermanas a buscarlo. lo toman. lo toman mal. lo dejan encima de una estufa a combustión lenta. se les cae. me asusto. las trato de estúpidas. la cabeza choca con las baldosas del piso y suena. me acerco a la guagua botada. es un muñeco.

-sueño 3: bebo cervezas en una pieza del hyatt con mi amigo G. sé que es el hyatt porque se ve el cruce de kennedy por la ventana, con autos pasando como hormigas para todos lados. somos como pete doherty, pero sin fama, sin supermodelos y sin medicaciones contra el desorden bipolar. G. amenaza con tirarse, yo le digo que no joda, que se espere a que se acabe el alcohol. llegan dos tipos gordos, que no conozco. todos bebemos. sé que debería estar en mi casa de bilbao porque una chica linda, un perro piola y un plato de comida bajo en grasa me esperan. pero sigo bebiendo. uno de los tipos se pone a tocar la batería. canto pero no me sale la voz, un clásico de los sueños. aparece una chica que fue compañera de diplomado en santiago, se me pone encima y me dice “no me importa que tomes tanto, llámame más tarde?”. estoy ebrio y tengo la convicción de que si no despierto me voy a morir.

-sueño 4: estoy en mi casa de antes, la de san martín. hay un cumpleaños o algo así. la misma chica del sueño anterior está sentada en el sillón donde mi abuela pasaba todo su día viendo televisión española y lamentándose. guirnaldas, gorritos, coca cola y fanta a destajo en la mesa. le digo a la chica “no deberías estar en el sillón de mi abuela, es como si tú fueras ella”. me hace caso, se cambia de sillón y mi abuela, que surge de repente, ocupa el lugar que le corresponde. afuera es de noche y la luz es café, como de ampolleta vieja que está a punto de quemarse. le pido perdón a mi abuela por algo. ella no me escucha y mira hacia adelante, como cuando miraba la tele con devoción. entiendo que está tranquila en su mundo y yo no debería hablarle porque la interrumpo. muevo mi cabeza hacia el otro lado. aparece mi abuelo, su esposo. al lado, una señora cuarentona de pelo rojizo que no sé quién es. otra persona más, probablemente un hombre. entiendo que los tres me vienen a ver, y entiendo que no debería molestarlos mucho. abrazo a mi abuelo, que murió cuando yo tenía 9 y no me dejaron ir a su funeral en osorno porque “eres muy chico”. lo veo más joven que lo que lo recuerdo. despierto, en casa ajena, y no puedo volver a conciliar el sueño hasta que amanece.

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we can be heroes, just for one day

Los chicos del viernes hablan de mujeres en voz alta, pero no tienes que creer todo lo que dicen. Todas las chicas tienen el corazón roto. Las carreteras están atascadas durante el fin de semana. Todo el mundo quiere estar lejos de donde ha nacido. Al menos el viernes por la noche. Los bares ya no dan dos por una y en esta ciudad tienes que ganar mucho para poder beber en el centro. Los camareros han enterrado sus sonrisas porque es viernes por la noche y la gente coge todo lo que brilla. Con o sin permiso. Las niñas bonitas siempre son las que están más tristes porque saben que hay más tíos dispuestos a hacerles daño. Las niñas feas se dejan ir y bailan toda la noche solas, o unas con otras, y no tienen suerte ni atrayendo las desgracias. Los tíos con coche juegan con los dados trucados y los que tienen dinero nos están viendo a todos las cartas. Las madres no duermen por la noche porque saben que duele pero también que no hay nada mejor y no acaban de decidir qué es más peligroso. No hay nadie que no dispare los viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos. Sé que no puedo esperar que estés siempre sola, lo único que te pido es que no te lo creas todo. No te fíes de los anillos de oro, ni de las carrozas de plata. Todos mentimos bien los viernes por la noche.

Ray Loriga, Heroes

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